portal adentro

Video monocanal

2’40”

2020

El portal no es la puerta. La RAE nos dice que se trata más bien del “zaguán o de la primera pieza de la casa, por donde se entra a las demás, y en la cual está la puerta principal”. El portal, entonces, ya está adentro de la casa y define el acto mismo de haber entrado. Una cosa es abrir la puerta y otra distinta el ya encontrarse inmerso en el espacio de lo doméstico.

Encontrarse inmerso en el espacio de lo doméstico es quizás la marca por excelencia de los días que vivimos. Todos encerrados, confinados, separados de los demás, hemos huido mayoritariamente hacia ese primer espacio dentro de la casa –y no necesariamente me refiero a la estructura material– y, quizás aún, nos encontramos paralizados por el temor de empezar a recorrerla.

¿Qué hay en esta casa? ¿Qué otras entidades la habitan? ¿Qué se oculta en su interior que nos hace dudar de trascender el portal y definitivamente zambullirnos, portal adentro, en un espacio que quizás no conocemos?

El trabajo de Daniela tiende a sugerir distintas instancias de eso que podríamos llamar “el espacio interior”: el armario, la bañera, la lavadora, artefactos todos que permiten el ejercicio de sumergirse, de limpiarse, de cambiarse, dando chance al cuerpo —ausente o apenas intuido— de estar contenido y de, a la vez, renovarse.

En sus inicios, el proyecto de Daniela Vargas Victoria iba a tener lugar en la vitrina de lugar a dudas, un espacio físico contenedor que, además, se abre a la mirada, poniendo aquello que contiene en el lugar de la exterioridad. La coyuntura de una pandemia llevó la idea inicial a un punto de inviabilidad total y puso a Daniela, aislada en el campo, a confrontar lo que la supuesta oposición entre adentro y afuera implicaba.

En su casa hay una fuente en la que los pájaros se zambullen constantemente para limpiarse, refrescarse y beber. A partir de la observación sostenida de las aves, del juego de iteraciones y de un registro a veces brumoso, etéreo, no queda sino preguntarse si es posible sumergirse en la misma fuente más de una vez, o si la interacción entre el vuelo de los pájaros y la emanación del agua construyen en una relación reiterada espacios donde van surgiendo delicadamente la particularidad y la diferencia en medio de la repetición.

Víctor Albarracín

Portal adentro se encuentra quizás un espacio abierto y no el confinamiento del ser, pero hay que meterse con valentía en la propia casa y habitar hasta el último rincón para descubrir que, eventualmente, allí se abre un jardín, una fuente, un matorral o una selva.